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Macizos y valles


En la encrucijada de influencias climáticas mediterráneas, atlánticas y montañesas, los Pirineos catalanes brindan la posibilidad de descubrir más de 1.000 especies vegetales y animales.

 

Recorra los macizos y los valles del territorio para descubrir tesoros como el lirio de los Pirineos o divisar al quebrantahuesos.

  • Macizo del Carlit – Campcardós

    Marcando el límite entre el clima atlántico, donde la influencia dominante procede del oeste, y el clima mediterráneo, donde el viento de sudeste tiene una gran importancia, el Macizo del Carlit-Campcardós domina el Capcir y la Cerdaña. Atravesado por los valles del Carol al Oeste y bordeado por el Alto valle del Aude al este, este sector concentra las cumbres más altas de los Pirineos catalanes (Carlit – 2.921 m, Puig Pedrós – 2.905 m). En la meseta lacustre del Carlit, disfrute de los paisajes que ofrecen estos antiguos valles glaciares, actualmente cubiertos de lagos. Para acceder a este macizo, disfrute de la naturaleza preservada de los valles del Angoustrine, del Galbe, de La Lladura o del Campcardós. Este espacio ha sido reconocido de interés europeo en el marco de la red Natura 2000.

     

  • Macizo de Madres – Coronat

    En la encrucijada de las culturas occitana y catalana, el macizo de Madres-Coronat es una de las cumbres más altas al este de la cordillera de los Pirineos. Su situación geográfica permite descubrir todos los niveles de la vegetación de los Pirineos catalanes. Lejos de la multitud, podrá descubrir a su ritmo la sucesión de bosques, desde encinas hasta pinos negros de montaña, pasando por el roble pubescente, la haya y el abeto. Este espacio ha sido reconocido de interés europeo en el marco de la red Natura 2000.

  • Macizo del Puigmal – Cambre d’Aze

    Al sur de los Pirineos catalanes, auténtica frontera natural con España, el macizo del Cambre d’Aze y del Puigmal abarca más de 15 km de este a oeste con picos y crestas escarpadas. Símbolo de este conjunto, el circo de Cambre d’Aze, con su particular forma, ha dado origen a múltiples leyendas. Las escarpaduras que forman los valles de los ríos Vanéra, Err, Segre, Eyne, Orri y Carança constituyen otras tantas puertas de entrada para los senderistas que desean impregnarse de la autenticidad de un macizo que ofrece vistas inabarcables de la Cerdaña y los Pirineos catalanes. Este espacio, que se extiende hasta el Carança, ha sido reconocido de interés europeo en el marco de la red Natura 2000.

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